De Homero a Nolan: ¿qué podemos rescatar de lo ya perdido?

Una mera línea cronológica, reducida al absurdo y más elemental desarrollo de los hechos, arrojaría más o menos este resultado:

1.- Nolan, habiendo enviado a sus hijos a la universidad, se queda con su pareja, solo, en casa. Adopta un perro y este perro se hace famosísimo -cosa que quien esto escribe, ignoraba- en la red de redes.

2.- Nolan, leyendo la traducción de esa traductora que se corrió hasta el otro extremo del espectro ideológico, llega a la conclusión de que en 'La Odisea' y la mención de Argos, lo que se cuenta es la Historia Madre de las Historias de todos los perros del mundo. [06/08/2026]

3.- Nolan comienza a grabar, basándose en su propia interpretación que está derivada ya de la traducción sesgada de Emily Wilson -quien ha publicado recientemente un ensayo sobre esto mismo, ni más ni menos que en el "London Review of Books" donde, punto por punto, va desbancando la versión cinematográfica que Nolan mostró al mundo hace un par de meses-.


4.- Wilson aventura una 'nueva traducción' [¿revisión, corrección?] de la misma obra.

5.- El mundo sigue atentamente el desarrollo de este festín de vanidades, donde la Vanidad misma palidece ante el ego desmedido de la helenista y la seguridad indiferente de Nolan quien, es pertinente decirlo, ha hecho lo que sabe hacer de una forma desenfadada y también consciente de que esto podrá acercarlo a un nicho del público donde le era difícil hacer mella.

Con todo esto, el filme, a pesar de los yerros y los aciertos que, al principio de su ensayo, la misma Wilson va listando insuperablemente bien, es la obra que esperaríamos de Nolan en cuanto director, mas, ni en sueños, se nos ocurriría acercarnos a tal esperando encontrar los apotegmas puntuales de un Nolan helenista y hermeneuta.

Sobre esto, un último pensamiento:

Wilson ha tocado un punto sensible al poner el dedo en la llaga, y mover el eje desde una visión y aproximación sesgada y masculina, hasta recalcar el papel y las peripecias calladas, ignoradas y minimizadas, de las mujeres que desfilan en la obra literaria.

No es poco el trabajo que esto implica, además del desgaste y, si nos permitimos aventurar un poco, la intoxicación a que esto puede dar lugar.

En cuanto traductora, Wilson es dueña y puede solicitar las regalías y el mérito correspondiente de su traducción, en cuanto se utilice con alguna finalidad netamente comercial.

Pero, si la traducción en cuanto tal, es susceptible de ostentar un copyright indudable e innegable, esta misma traducción descansará, de una u otra manera, sobre una obra situada en el extremo último del copy-left y su trabajo será un 'derivado' que apunta, necesaria e implícitamente, hacia una obra 'original' o 'primigenia'. Esto, per se, invalida automáticamente cualquier pretensión de hacerse con un mínimo de 'control' sobre la interpretación de la traducción, por más que esté amparada por el ya mencionado copyright.

Wilson, en cuanto académica, investigadora y traductora, olvida que cualquier tipo de traducción conlleva, forzosamente, una interpretación y esta, finalmente, descansa en el bagaje personal de quien se acerca a un texto escrito con otra cosmovisión y estructura lingüística, para tratar de verterlo en nuestra propia visión del mundo y de la Historia donde se generó esa obra.

En una ironía que hubiese deleitado al mismo Homero, Wilson, al atacar a Nolan, ataca, contradice y finalmente, dinamita y pulveriza su propio trabajo. Y esto, ni los Dioses mismos hubiesen podido preverlo. [02/10/2026]

1820.
Nam stat fua cuiq~ dies, breue et irreparabile tempus.

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